Robinson Crusoe
Robinson Crusoe El miedo de ser aplastado por un alud no me dejaba dormir tranquilo, pero menos aún quería hacerlo en sitio descubierto y sin la protección de la empalizada. Cuando miraba en torno y veía cuán ordenadas estaban mis cosas, lo bien ocultas y a salvo que se encontraban, me dolía mucho la idea de abandonar el sitio.
Se me ocurrió entonces que me llevaría mucho tiempo la nueva instalación, y que mientras tanto era mejor correr el riesgo de seguir viviendo allí hasta que hubiera encontrado un lugar apropiado y puesto en condiciones de defensa para mudarme a él. Ya resuelto, decidí que empezaría con toda la rapidez posible a levantar una empalizada circular en el sitio elegido, haciéndola con estacas y cables como la primera, y que una vez concluida pondría dentro mi tienda; pero entretanto decidí arriesgarme a permanecer en mi primera morada. Esto sucedía el veintiuno.