Robinson Crusoe
Robinson Crusoe Me arrepentà inmediatamente de haber hecho la cueva tan profunda que la salida daba más allá de la empalizada que constituÃa mi fortificación. Medité el modo de evitar este peligro y resolvà levantar una segunda lÃnea de defensa, también en semicÃrculo, justamente donde doce años atrás plantara una doble hilera de árboles. Tan juntos los habÃa puesto que me bastó intercalar unas pocas estacas entre ellos para dar al conjunto una extraordinaria solidez.
TenÃa, pues, una doble muralla de defensa; la exterior estaba reforzada con tablones, cables viejos y todo lo que sirviera para darle más resistencia y en ella habÃa practicado siete orificios grandes como para pasar el brazo. Del lado interior acumulé tierra que extraÃa de la cueva, apisonándola fuertemente hasta lograr en la base un espesor de diez pies; luego puse en los mencionados orificios siete mosquetes que, como ya he narrado, habÃa podido sacar del barco. Estaban sostenidos por horcones que hacÃan de cureñas como en los cañones, de manera que resultaba posible disparar toda la artillerÃa en unos dos minutos. Me llevó muchos meses terminar aquella empalizada, pero no me sentà seguro hasta que la vi concluida.