Robinson Crusoe
Robinson Crusoe Miré todo el día en aquella dirección, y no tardé en darme cuenta de que no se movía; evidentemente era un barco fondeado. Ansioso por saciar mi curiosidad, tomé la escopeta y corrí hacia el sur de la isla buscando aquellas rocas donde la corriente me había arrebatado con la canoa. El tiempo estaba muy claro, y trepando a la altura pude ver con toda nitidez y profunda aflicción que el barco había naufragado durante la noche en aquellas rocas ocultas que prolongaban el cabo y que yo había visto desde mi bote; las mismas rocas que, oponiéndose a la violencia de la corriente y haciendo una especie de contracorriente o remolino, me salvaran de la más desesperada situación en que jamás me viera antes.