Las pasiones del alma
Las pasiones del alma Esto bastarÃa si sólo tuviéramos cuerpo o si el cuerpo fuese nuestra mejor parte; pero, como no es sino la menor, debemos principalmente considerar las pasiones en cuanto corresponden al alma, con relación a la cual el amor y el odio provienen del conocimiento y preceden a la alegrÃa y a la tristeza, excepto cuando estas dos últimas suplen al conocimiento, del cual son especies. Y cuando este conocimiento es verdadero, es decir, que las cosas que nos hace amar son verdaderamente buenas y las que nos hace odiar son verdaderamente malas, el amor es incomparablemente mejor que el odio; nunca podrá ser demasiado grande y no deja nunca de producir alegrÃa. Digo que este amor es sumamente bueno porque, uniendo a nosotros verdaderos bienes, nos perfecciona en la misma medida. Digo también que no podrÃa ser demasiado grande, pues todo lo que el más excesivo puede hacer es unirnos tan perfectamente a esos bienes que el amor que sentimos particularmente por nosotros mismos no haga en ellos ninguna distinción, lo que no creo que pueda ser nunca malo; y le sigue inmediatamente la alegrÃa porque nos presenta lo que amamos como un bien que nos pertenece.
Art. 140. Del odio.