Las pasiones del alma
Las pasiones del alma Art. 138. De sus defectos y de los medios de corregirlos.
Pero, aunque esta función de las pasiones sea la más natural que puedan tener, y aunque la vida de todos los animales sin razón se rija por movimientos corporales análogos a los que en nosotros siguen a esas pasiones, y en los cuales incitan a nuestra alma a consentir, no siempre es buena, sin embargo, porque hay varias cosas nocivas al cuerpo que no producen al principio ninguna tristeza e incluso que producen alegrÃa, y otras que le son útiles aunque comiencen por ser incómodas. Y además, tanto los bienes como los males que representan, los representan como mucho más grandes y más importantes de lo que son, de modo que nos incitan a buscar los unos y a evitar los otros con más ardor y más celo de lo conveniente, como vemos también que los animales son engañados por cebos y que, por evitar pequeños males, se precipitan en otros mayores; por eso debemos servirnos de la experiencia y de la razón para distinguir el bien del mal y conocer su justo valor, a fin de no tomar uno por otro y no dejamos llevar a nada con exceso.
Art. 139. De la función de las mismas pasiones en cuanto corresponden al alma, y en primer lugar al amor.