Las pasiones del alma
Las pasiones del alma Por otra parte, si el odio y la tristeza deben ser rechazados por el alma aunque procedan de un verdadero conocimiento, con más motivo deben serlo cuando provienen de alguna falsa opinión. Mas se puede dudar si el amor y la alegrÃa son buenos o no cuando a su vez están mal fundados; y parece que si no los consideramos sino precisamente como lo que son en sà mismos, con respecto al alma, puede decirse que, aunque la alegrÃa sea menos sólida y el amor menos conveniente que cuando tienen mejor fundamento, no dejan de ser preferibles a la tristeza y al odio igualmente mal fundados: de suerte que, en las circunstancias de la vida en que no podemos evitar el riesgo de engañarnos, hacemos siempre mucho mejor en inclinarnos hacia las pasiones que tienden al bien que hacia las que se inclinan al mal, aunque sólo sea para evitarlo; y aun, a menudo, vale más una falsa alegrÃa que una tristeza cuya causa es verdadera. Mas no me atrevo a decir lo mismo del amor con relación al odio, pues, cuando el odio es justo, no hace sino alejarnos de la cosa que contiene el mal del que conviene separarse, mientras que el amor injusto nos une a cosas que pueden dañar, o al menos que no merecen ser tan consideradas por nosotros como lo son, lo que nos envilece y nos rebaja.
Art. 143. De las mismas pasiones, cuando se relacionan con el deseo.