Las pasiones del alma
Las pasiones del alma Basta pensar que es posible la adquisición de un bien o la evitación de un mal para sentirse movido a desearlo. Pero cuando se considera, además, si hay pocas o muchas apariencias de conseguir lo que se desea, lo que nos hace ver que hay muchas provoca en nosotros la esperanza, y lo que nos hace ver que hay pocas suscita temor, una especie del cual son los celos. Cuando la esperanza es suma, cambia de naturaleza y se llama seguridad o certidumbre, y al contrario, el temor extremado se torna en desesperación.
Art. 59. La irresolución, el valor, la intrepidez, la emulación, la cobardía y el terror.
Y podemos, pues, esperar y temer, aunque el acontecimiento de lo que va a ocurrir no depende en modo alguno de nosotros; pero cuando se nos presenta como dependiente de nosotros, puede haber dificultad en la elección de los medios o en la ejecución. De la primera resulta la irresolución, que nos dispone a deliberar y tomar consejo. A la segunda se opone el valor, o la intrepidez, una especie del cual es la emulación. Y la cobardía es opuesta al valor, como el miedo o el terror a la intrepidez.
Art. 60. El remordimiento.
Y si nos determinamos a una acción antes de disiparse la irresolución, esto produce el remordimiento de conciencia, que no se refiere a tiempo futuro, como las pasiones precedentes, sino al pasado.