Las pasiones del alma
Las pasiones del alma Y sólo encuentro una distinción considerable que sea análoga en uno y otro. Consiste en que los objetos tanto del amor como del odio puede conocerlos el alma por los sentidos exteriores, o bien por los interiores y por su propia razón; pues llamamos generalmente bien o mal a lo que nuestros sentidos anteriores o nuestra razón nos hacen juzgar conveniente o contrario a nuestra naturaleza; pero llamamos bello o feo a lo que asà nos presentan nuestros sentidos exteriores principalmente el de la vista, que es considerado él solo más importante que todos los demás; de donde nacen dos especies de amor: la que sentimos por las cosas buenas y la que sentimos por las bellas, a la cual se puede dar el nombre de complacencia, para no confundirla con la otra, ni tampoco con el deseo, al cual se le suele dar el nombre de amor; y de aquà nacen de la misma manera dos especies de odio, una de las cuales se refiere a las cosas malas, la otra a las feas; y a ésta última podemos llamarla horror o aversión, para distinguirla. Pero lo más interesante aquà es que estas pasiones de complacencia y de horror suelen ser más violentas que las otras especies de amor o de odio, porque lo que llega al alma por los sentidos la impresiona más fuertemente que lo que presenta la razón, y que todas ellas son generalmente menos verdaderas; de suerte que, de todas las pasiones, son éstas las que más engañan y de las que con más cuidado debemos guardamos.