Meditaciones
Meditaciones Sólo diré, en general, que todo cuanto dicen los ateos para combatir la existencia de Dios, depende siempre o de que fingen en Dios afectos humanos, o de que atribuyen a nuestros ingenios tanta fuerza y sabiduría, que tenemos la presunción de querer determinar y comprender lo que Dios pueda y deba hacer; de suerte que todo cuanto dicen no nos ofrecerá dificultad alguna, con tal de que recordemos solamente que debemos considerar nuestros espíritus como cosas finitas y limitadas, y a Dios como un ser infinito e incomprensible.
Y ahora, después de haber reconocido los sentimientos de los hombres, voy a tratar de Dios y del alma humana y asimismo poner los fundamentos de la filosofía primera; mas ni aguardo alabanzas del vulgo ni presumo que mi libro sea leído por muchos. Por el contrario, a nadie aconsejaré que lo lea, sino a los que quieran meditar en serio conmigo y puedan desligar su espíritu del comercio de los sentidos y librarlo por completo de toda suerte de prejuicios; y demasiado sé que tales hombres son poquísimos en número. Pero los que, sin cuidarse del orden y enlace de mis razones, se entretengan en discurrir sobre cada una de las partes, como hacen muchos, estos tales, digo, no sacarán gran provecho de la lectura de este tratado; y aun cuando acaso encuentren ocasión de sutilizar en varios puntos, mucho trabajo ha de costarles objetar nada que sea apremiante y digno de respuesta.