Un hombre sin piedad

(RESUMEN)

Un hombre sin piedad

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Primera Parte: Ecos de un amor imposible

Keely Welsh siempre lo supo. Boone Sinclair no era un hombre cualquiera. Su sola presencia llenaba cada habitación con una mezcla de autoridad y misterio, como una tormenta que amenaza con desatarse, pero nunca lo hace. Desde que tenía trece años, Keely había sentido esa corriente eléctrica que Boone traía consigo, un poder que la intimidaba y fascinaba a partes iguales. Ahora, a sus diecinueve años, aún era prisionera de esos sentimientos, aunque él no la mirara más que un extraño podría mirar a una sombra. Boone era el hermano mayor de Winnie, su mejor amiga, y un hombre que llevaba el peso de los rumores como si fueran medallas. Se decía que había servido en las Fuerzas Especiales, salvado vidas y ganado reconocimientos que lo habían llevado hasta la Casa Blanca. También se decía que había amado y perdido, lo que explicaba por qué mantenía un muro entre él y el resto del mundo. Especialmente entre él y Keely. Aquella mañana, Keely estaba en la clínica veterinaria donde trabajaba cuando lo sintió antes de verlo. Boone entró con la misma determinación con la que, seguramente, enfrentaba cada desafío en su vida. Llevaba a Bailey, su pastor alemán, para su chequeo anual. El perro era su única compañía constante, el único ser al que Boone parecía dedicarle algo parecido al afecto. Keely fingió estar ocupada ordenando medicamentos, aunque cada fibra de su ser estaba concentrada en los pasos de Boone acercándose al mostrador. —¿Lista para Bailey? —preguntó el veterinario. Boone asintió con un breve movimiento de cabeza, su voz grave y medida. —Sí. Siempre lo está. Sin mirar en dirección a Keely, pasó junto a ella. Su olor a cuero y tierra invadió sus sentidos, y su pecho se apretó. Era un simple instante, pero era suficiente para alimentar el fuego que ardía en ella desde hacía años. Boone era un hombre inaccesible, un misterio cubierto de sombras, pero cada una de esas sombras la atraía más. Cuando se cerró la puerta tras él, Winnie, que había venido para almorzar con Keely, rió al verla en tal estado de embeleso. —¿Siempre reaccionas así cuando Boone aparece? —dijo con picardía. Keely fingió indiferencia. —¿Así cómo? —Como si acabara de entrar el hombre al que venderías tu alma. Keely desvió la mirada, pero Winnie tenía razón. Había algo en Boone que la desarmaba por completo. Algo que la hacía cuestionar su cordura y su resistencia. Sin embargo, Boone nunca le había dado ni la más mínima señal de que la veía como algo más que una niña. Más tarde, cuando ambas cabalgaban por el rancho de los Sinclair, Winnie continuó con su interrogatorio. —Es curioso —comentó Winnie mientras su caballo bebía agua de un arroyo—. Boone es amable con cualquiera que pasa por la casa. Incluso con las citas pasajeras de Clark. Pero contigo... es como si no existieras. Keely mantuvo la calma, aunque sabía que no podía ocultarle mucho a Winnie. —Quizá le recuerdo a alguien que preferiría olvidar. Pero en el fondo, Keely sabía que no era así. Sabía que había algo más profundo, una barrera que Boone había levantado, una que parecía inquebrantable. —Nunca lo he visto sin camisa —confesó Keely en un tono más ligero, buscando desviar la conversación. Winnie se rió. —No te pierdes de mucho. Siempre lleva las camisas abotonadas hasta el cuello, como si quisiera protegerse del mundo. Es raro, ¿verdad? Era raro, y eso solo alimentaba más la obsesión de Keely. Boone era un hombre marcado por su pasado, y aunque ella no conocía los detalles, podía sentir el peso de su oscuridad. Pero algo en ella también sabía que, a pesar de su aparente indiferencia, Boone la notaba. Tal vez no de la manera en que ella deseaba, pero la notaba. Esa noche, sola en su habitación, Keely miró por la ventana hacia las estrellas sobre el cielo de Texas. Se prometió que no seguiría siendo invisible para él. Boone Sinclair podía ignorarla todo lo que quisiera, pero ella no se rendiría. No era una niña. Era una mujer. Y no iba a dejar que el amor que sentía por él muriera sin luchar.

Este documento es un resumen redactado con fines exclusivamente educativos e informativos. Su contenido ha sido elaborado con palabras propias del autor del resumen y no contiene reproducciones textuales de la obra original. La obra original, titulada 'Un hombre sin piedad', es de autoría de Diana Palmer y todos sus derechos pertenecen a dicho autor y a sus titulares legales. Esta publicación no busca reemplazar la lectura de la obra original ni afecta su explotación comercial. No se reclaman derechos sobre el contenido original ni se pretende apropiación alguna. Se recomienda encarecidamente la lectura íntegra de la obra original para una experiencia completa. Puedes adquirirla legalmente en Amazon..

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