Un hombre sin piedad

(RESUMEN)

Un hombre sin piedad

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Quinta Parte: Bajo el cielo de Texas

El viento nocturno arrastraba un eco de incertidumbre mientras Boone se preparaba para lo inevitable. Había pasado el día haciendo llamadas, arreglando asuntos en el rancho y, finalmente, guardando un arma en su camioneta. Keely lo observaba desde la ventana, cada acción suya una declaración silenciosa de que no tenía intención de retroceder. —No tienes que hacerlo solo —le dijo Keely cuando lo interceptó en la puerta. Boone negó con la cabeza, su mirada fija en el horizonte. —Sí, tengo que hacerlo. —No. —Keely bloqueó su camino—. No puedes seguir empujándome fuera de tu vida. Si esto es importante, entonces soy parte de ello. Él la miró por un largo momento, su mandíbula apretada. Luego suspiró y asintió. —Está bien. Pero si las cosas se ponen feas, quiero que salgas de allí. Prométemelo. Keely no prometió nada, pero lo acompañó de todos modos. La confrontación tuvo lugar en un almacén en las afueras del pueblo, un lugar que olía a aceite viejo y madera húmeda. Turner ya estaba allí, apoyado contra su coche con una sonrisa de satisfacción. No estaba solo. Dos hombres más lo flanqueaban, ambos con posturas que sugerían que sabían muy bien cómo manejarse en una pelea. —Boone, sabía que vendrías. —Turner sonrió, pero no había calidez en su expresión. Era una trampa y todos lo sabían. —¿Qué quieres, Turner? —preguntó Boone, su voz firme pero baja. Turner dio un paso adelante, sus ojos brillando con algo que se parecía al triunfo. —Quiero lo que me debes. O, mejor aún, quiero verte arrastrarte un poco más. Es divertido. —Ya basta de juegos. —Boone avanzó un paso, y la tensión en el aire se volvió casi palpable—. No te debo nada. Hice lo que tenía que hacer para mantener a mi equipo vivo, y tú elegiste tu precio. Lo pagué. Esto se acabó. Turner rió, seco y cruel. —¿Y crees que eso será suficiente para detenerme? Si quiero, puedo destruir tu reputación en un abrir y cerrar de ojos. —Entonces hazlo. —La voz de Boone era un trueno contenido—. Pero no volverás a manipularme. La tensión alcanzó un punto crítico. Uno de los hombres de Turner dio un paso hacia Boone, pero antes de que pudiera hacer nada, Keely lo interrumpió. —¿Esto es todo lo que eres? —dijo, enfrentándose directamente a Turner—. Un hombre que se esconde detrás de amenazas y matones porque no puede enfrentarse a alguien como Boone directamente. Turner pareció sorprendido por un instante, pero su expresión se endureció rápidamente. —Niña, no sabes en qué te estás metiendo. —Sé exactamente en qué me estoy metiendo. —Keely sostuvo su mirada, desafiándolo—. Y si te atreves a tocarlo, serás tú quien se enfrente a las consecuencias. Por un momento, pareció que Turner iba a ordenar a sus hombres que atacaran, pero algo en su expresión cambió. Tal vez era la resolución en los ojos de Keely, o la firmeza inquebrantable de Boone, pero retrocedió. —No vale la pena. —Turner hizo un gesto a sus hombres para que se marcharan, pero antes de irse, se giró hacia Boone—. Esto no ha terminado. Cuando finalmente quedaron solos, Boone dejó escapar un suspiro profundo. Keely se acercó, sus manos temblorosas mientras tocaba su brazo. —¿Estás bien? Él asintió, pero sus ojos estaban oscuros. —Lo importante es que tú estás bien. El regreso al rancho fue silencioso, pero algo había cambiado entre ellos. Boone ya no llevaba el peso de su pasado solo. Había enfrentado sus demonios, y aunque sabía que Turner no desaparecía del todo, ahora tenía algo que lo hacía más fuerte: Keely. Esa noche, mientras el cielo texano brillaba con estrellas, Boone y Keely se sentaron juntos en el porche. Él finalmente habló, su voz suave, casi vulnerable. —Siempre pensé que el amor era una debilidad, que era mejor mantener a la gente a distancia. Pero tú... tú haces que todo sea diferente. Keely lo miró, su corazón latiendo con fuerza. —No tienes que protegerme de ti, Boone. Solo déjame estar a tu lado. Él la tomó de la mano, su mirada fija en ella. —Te lo prometo, Keely. Lo haré mejor. Bajo el cielo de Texas, donde las sombras finalmente se disipaban, Keely y Boone encontraron algo que siempre había estado allí, esperando el momento correcto para florecer: esperanza.

Este documento es un resumen redactado con fines exclusivamente educativos e informativos. Su contenido ha sido elaborado con palabras propias del autor del resumen y no contiene reproducciones textuales de la obra original. La obra original, titulada 'Un hombre sin piedad', es de autoría de Diana Palmer y todos sus derechos pertenecen a dicho autor y a sus titulares legales. Esta publicación no busca reemplazar la lectura de la obra original ni afecta su explotación comercial. No se reclaman derechos sobre el contenido original ni se pretende apropiación alguna. Se recomienda encarecidamente la lectura íntegra de la obra original para una experiencia completa. Puedes adquirirla legalmente en Amazon..

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