Cancion de Navidad
Cancion de Navidad —¡Que la limpiadora sea la primera! —exclamó la que habÃa entrado primero—. ¡Que la lavandera sea la segunda; y que el empleado de la funeraria sea el tercero! ¡Vaya, viejo Joe, qué casualidad! ¡Los tres aquà sin haberlo planeado!
—No podrÃais haberos encontrado en mejor sitio —dijo el viejo Joe, quitándose la pipa de la boca—. Pasad al salón. Tú lo conoces desde hace tiempo; y a los otros dos no les es extraño. Esperad a que cierre la puerta de la tienda. ¡Ah, cómo chirrÃa! No hay ningún trozo de metal más oxidado que esas bisagras en toda la tienda, creo; y estoy seguro de que no hay aquà huesos más viejos que los mÃos, ¡ja, ja! Todos estamos indicados para nuestro oficio, hacemos buen juego. Pasad al salón. Pasad.
El salón era el espacio que habÃa detrás de la cortina de andrajos. El viejo juntó las brasas del fuego con una vieja varilla de alfombra de escalera[26], y después de avivar la humeante lámpara (era de noche), con la boquilla de la pipa, se la volvió a meter en la boca.
Mientras hacÃa esto, la mujer que ya habÃa hablado lanzó su bulto al suelo y se sentó de forma ostentosa en un taburete; apoyó los codos sobre las rodillas y miró con audaz desafÃo a los otros dos.