Cancion de Navidad
Cancion de Navidad Estaba esperando la llegada de alguien con anhelante entusiasmo; pues paseaba de un lado para otro de la habitación, se sobresaltaba al mÃnimo ruido, echaba miradas por la ventana, miraba el reloj, intentaba, pero sin éxito, trabajar con la aguja, y apenas podÃa aguantar las voces de los niños mientras jugaban.
Por fin se oyó la largamente esperada llamada. Se apresuró hacia la puerta y allà recibió a su marido, un hombre que tenÃa un rostro preocupado y abatido, a pesar de ser joven. Ahora traÃa una expresión nueva, una de sombrÃo placer de la que se sentÃa avergonzado y que se esforzaba por reprimir.
Se sentó a comer la cena que le habÃa dejado junto al fuego para que no se enfriara, y, cuando ella le preguntó con voz débil qué noticias traÃa (no fue hasta después de un largo silencio), parecÃa apurado y no sabÃa cómo contestar.
—¿Son buenas o malas? —preguntó para ayudarlo.
—Malas —respondió él.
—¿Estamos arruinados?
—No. TodavÃa hay esperanzas, Caroline.
—¡Si él se doblega las hay! —dijo ella, asombrada—. Si ocurre ese milagro no hay nada que no se pueda alcanzar.
—Ya no puede doblegarse —dijo su marido—. Ha muerto.