Cancion de Navidad
Cancion de Navidad Bob se animó con ellos y habló cariñosamente a toda la familia. Miró la costura que habÃa en la mesa y elogió el esfuerzo y la rapidez de la señora Cratchit y de las niñas. TerminarÃan mucho antes del domingo, dijo.
—¡El domingo! ¿Entonces, has ido hoy, Robert? —dijo su mujer.
—SÃ, cariño —respondió Bob—. Me hubiese gustado que hubieses venido. Te habrÃa sentado bien ver qué verde es ese lugar. Pero ya lo verás a menudo. Le prometà que irÃa caminando hasta allà los domingos. ¡Mi hijo, mi pequeño! —se lamentó Bob—. ¡Mi pequeño!
De repente rompió a llorar. No lo pudo evitar. Si lo hubiese podido evitar, habrÃa sido porque él y su hijo habrÃan estado menos cercanos de lo que estaban.
Se fue de la habitación, subió al cuarto de arriba que estaba alegremente iluminado y decorado con adornos navideños. HabÃa una silla colocada al lado del niño y habÃa señales de que alguien hubiera estado allà hacÃa poco. El pobre Bob se sentó en la silla, y cuando habÃa meditado un poco y habÃa logrado serenarse, besó la pequeña cara. Se habÃa reconciliado con lo que habÃa pasado y bajó ya más contento.