Cancion de Navidad
Cancion de Navidad —SĂ creo —dijo Scrooge— Tengo que creer. Pero Âżpor quĂ© vienen los espĂritus a la tierra? y Âżpor quĂ© se me aparecen a mĂ?
—Se requiere de todo hombre —continuĂł el fantasma— que el espĂritu que hay en su interior ande con amplitud entre su prĂłjimo y se mueva a lo largo y ancho de este mundo; y si ese espĂritu no va hacia delante en esta vida, está condenado a hacerlo despuĂ©s de la muerte. Está destinado a andar errante por el mundo —¡Ay de mĂ!— y a ser testigo de lo que no puede compartir, pero podrĂa haber compartido en la tierra, y haber transformado en felicidad.
De nuevo el espectro lanzĂł un grito, sacudiĂł la cadena y sus sombrĂas manos.
—Estás encadenado —dijo Scrooge temblando—. ¿Puedes decirme por qué?
—Llevo la cadena que me forjé en vida —replicó el fantasma—. Me la hice eslabón a eslabón, metro a metro; me la ceñà libremente, por mi propia voluntad y libremente, y por mi propia voluntad, la llevaré. ¿Te resulta a ti extraño su diseño?
Scrooge temblaba cada vez más.
—O ÂżquerrĂas saber —profundizĂł el fantasma— el peso y la longitud de la fuerte bobina que tĂş mismo llevas enrollada? Hace siete nochebuenas ya pesaba tanto y era tan larga como Ă©sta. Desde entonces has seguido trabajando en ella. ¡Es una cadena pesada!