Cancion de Navidad
Cancion de Navidad —¡Entra! —exclamó el fantasma—. ¡Entra y conóceme mejor, hombre!
Scrooge entró tÃmidamente y bajó la cabeza ante este espÃritu. No era el Scrooge obstinado de antes; y aunque aquél tenÃa los ojos limpios y amables, a él no le gustaba encontrarse con ellos.
—Soy el fantasma de las Navidades presentes —dijo el espÃritu—. ¡MÃrame!
Scrooge lo hizo reverentemente. Iba vestido con una sencilla túnica o manto verde oscuro bordeado con un ribete de piel blanca. Esta prenda caÃa sobre la figura tan holgadamente que su amplio pecho quedaba al descubierto, como si desdeñara ser protegido u ocultado por medio de cualquier artificio. Sus pies, visibles bajo los grandes pliegues de su manto, estaban también desnudos; y la cabeza no iba cubierta sino con una especie de corona de acebo con carámbanos que brillaban por un sitio y por otro. Sus rizos castaños oscuros caÃan libres, libres como su cara genial, sus ojos chispeantes, su mano abierta, su voz animosa, su actitud distendida y su aire gozoso. Ceñida a su cintura llevaba una vaina antigua, pero en ella no habÃa ninguna espada, y la vieja funda estaba comida por el óxido.
—¡Nunca has visto nada parecido a mÃ! —exclamó el espÃritu.
—Nunca —dio Scrooge por respuesta.