Casa desolada
Casa desolada —Llegará el momento, muchacho —continúa diciendo el soldado— en que el pelo de tu madre se vuelva gris, y en que su frente esté cruzada y surcada de arrugas, y entonces será una estupenda viejecita. Ahora, cuando eres joven, preocúpate de que más adelante puedas decirte: «¡Yo nunca tuve la culpa de una sola de las arrugas de su frente!». Pues de toda la serie de cosas en que podrás pensar cuando seas mayor, Woolwich, ¡más te vale tener ésa en que pensar!
El señor George concluye levantándose de su silla, sentando en ella al chico junto a su madre y diciendo, con un aire un tanto apresurado, que se va un momento a la calle a fumar su pipa.