Casa desolada
Casa desolada LA NARRACIÓN DE ESTHER
Estuve varias semanas enferma, y mi régimen habitual de vida se convirtió en un mero recuerdo. Pero ello no fue efecto del tiempo, sino del cambio de todos mis hábitos, impuesto por la impotencia y la inactividad de una enfermería. Antes de llevar demasiados días confinada en ella, pareció que todo se había retirado a una distancia remota, en la que existía poca o ninguna separación entre las diversas etapas de mi vida, que en realidad se habían dividido por años. Parecía que hubiera cruzado un lago sombrío y hubiera dejado todas mis experiencias, amontonadas a lo lejos, en la costa de los años de salud.
Aunque al principio me preocupaba mucho que mis deberes domésticos quedaran sin realizar, pronto quedaron tan lejos como mis antiguas funciones en Greenleaf, o las tardes de verano en que volvía de la escuela, con mi cartera bajo el brazo y mi sombra infantil a mi lado, a casa de mi madrina. Hasta entonces nunca había comprendido lo breve que era la vida en realidad, y en qué pequeño espacio podía la imaginación colocarla.