Casa desolada
Casa desolada ¡Qué difícil me resultó expresarme con calma aquella primera noche, cuando Ada me preguntó, mientras cosíamos, si la familia estaba en la casa y me vi obligada a decir que sí, que eso creía, pues anteayer me había hablado Lady Dedlock en el bosque! Y todavía fue mayor mi dificultad cuando Ada me preguntó qué me había dicho y repliqué que había estado amable y atenta, y cuando Ada, tras reconocer lo bella y elegante que era, comentó lo orgullosos que eran sus modales, e imperioso y cortante, que era su aspecto. Pero Charley me ayudó inconscientemente en todo cuando nos dijo que Lady Dedlock sólo había pasado dos noches en la mansión, pues estaba de paso, en camino desde Londres, pues iba a hacer una visita a otra mansión del condado de al lado, y que se había marchado a primera hora de la mañana siguiente de habernos visto en nuestro banco, como lo llamábamos. Charley verificó el adagio de que los niños se enteran de todo, pues oía más cosas y frases en un día que yo en todo un mes.
Íbamos a quedarnos un mes en casa del señor Boythorn. Apenas llevaba allí una semana mi ángel, tal como lo recuerdo ahora, cuando una tarde, después de ayudar a regar al jardinero, y justo cuando se estaban encendiendo las velas, apareció Charley con aire de gran importancia detrás de la silla de Ada y me pidió misteriosamente que saliera de la habitación.