Casa desolada
Casa desolada Todo aquello me hacÃa ver su arte bajo una luz especial, claro. Caddy disfrutó con el efecto de su relato, y siguió contando, animada, los detalles de sus propios estudios.
—Mira, hija mÃa, a fin de ahorrar gastos, tengo que saber algo de Piano, y también tengo que saber algo de ViolÃn, y, en consecuencia, tengo que practicar en estos dos instrumentos, además de aprender los detalles de nuestra profesión. Si Mamá hubiera sido como todo el mundo, yo ya sabrÃa algo de música. Pero no sé nada, y al principio esa parte del trabajo resulta un tanto desalentadora, he de reconocerlo. Pero tengo muy buen oÃdo, y estoy acostumbrada a trabajar mucho (algo que tengo que agradacerle a Mamá, en todo caso), y ya sabes, Esther, que, sea en lo que sea, querer es poder.
Con estas palabras, Caddy se sentó, riéndose, ante un piano pequeñito y cuadrado, y tocó a toda velocidad una cuadrilla con gran animación. Después se volvió a levantar, toda ruborizada y bienhumorada, y, mientras seguÃa riéndose, me dijo:
—¡Por favor, sé buena y no te rÃas de mÃ!