Casa desolada
Casa desolada —Es una virtud de la que carecen pocos ingleses —observa el señor Tulkinghorn. Está de pie en el reborde de la chimenea, con la espalda hacia ésta, y ahora se da la vuelta y se pone las gafas—. ¿Quién es ésta? «Lady Dedlock». ¡Ja! Muy buen parecido, en su estilo, pero le falta fuerza de carácter. ¡Les deseo muy buenos dÃas, señores, muy buenos dÃas!
Cuando se marcha, el señor Guppy, bañado en sudor, se apresta a terminar de desmontar la GalerÃa de la Galaxia, concluyendo con Lady Dedlock.
—Tony —dice apresuradamente a su asombrado compañero—, vamos a terminar con esto cuanto antes y a largarnos de aquÃ. SerÃa inútil tratar de ocultarte a ti, Tony, que he tenido con una persona de esa elegante aristocracia, a quien tengo ahora en mi mano, una comunicación y una relación no divulgadas. Quizá hubiera un momento para que te lo revelase. Pero ya se acabó. Si todo ha de quedar enterrado en el olvido se debe tanto al juramento que he hecho como al Ãdolo roto y como a circunstancias ajenas a mi voluntad. ¡Te pido como amigo, por todo el interés de que has dado muestras por el gran mundo, y por cualquier pequeño favor que haya podido hacerte para sacarte de algún apurillo, que tú también lo entierres sin una palabra de curiosidad!