Casa desolada
Casa desolada —Un conciudadano de este señor Rouncewell, una persona, según me han dicho, en circunstancias exactamente iguales, tuvo la buena fortuna de tener una hija que atrajo la atención de una gran dama. Hablo de una dama, verdaderamente grande, no sólo grande para él, sino casada con un caballero de la misma condición que usted, Sir Leicester.
Sir Leicester dice, condescendiente:
—Sí, señor Tulkinghorn —implicando que entonces debe de haber parecido de unas dimensiones morales muy considerables, a ojos de un metalúrgico.
—La dama era rica y bella, y se aficionó a la muchacha, la trató con gran amabilidad y la tenía siempre a su lado. Y aquella dama tenía un secreto bajo toda su grandeza, que había mantenido desde hacía muchos años. De hecho, en sus años mozos había estado prometida en matrimonio con un pícaro capitán del Ejército, que era incapaz de llegar a nada. No llegó a casarse con él, pero tuvo descendencia del capitán.
A la luz de la lumbre, puede verse cómo mira él hacia la luna. A la luz de la luna, puede verse de perfil a Lady Dedlock, totalmente impasible.