Casa desolada

Casa desolada

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Las notas reanimaron en Richard y Ada una impresión general que ambos tenían, sin saber muy bien por qué, de que su primo Jarndyce nunca soportaría expresiones de agradecimiento por ninguna de sus amabilidades y de que, antes que aceptarlas, recurriría a los expedientes y las evasiones más singulares, o incluso se echaría a correr. Ada recordaba vagamente que había oído decir a su madre, cuando ella era pequeña, que una vez había sido de una generosidad extraordinaria con ella y que cuando fue a casa de él a darle las gracias él la vio por casualidad por una ventana cuando iba ella hacia la puerta, e inmediatamente se escapó por la puerta de atrás y nadie volvió a tener noticias suyas en tres meses. Aquel discurso desembocó en muchas más observaciones sobre el mismo asunto, y de hecho nos duró todo el día, pues apenas sí hablamos de otra cosa. Si, por casualidad, nos desviábamos a otro tema, pronto volvíamos a éste, y nos preguntábamos cómo sería la casa, y si veríamos al señor Jarndyce en cuanto llegáramos, o al cabo de un rato, y lo que nos diría o lo que le diríamos nosotros a él. No hacíamos más que hablar una y otra vez de lo mismo.





👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker