Casa desolada

Casa desolada

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Allan se propone hablar de sus dificultades para encontrarle un refugio temporal al muchacho con su vieja paciente, la activa señorita Flite, y se dirige hacia el patio donde por primera vez se vieron él y Jo. Pero en la tienda del trapero ha cambiado todo; la señorita Flite ya no vive allí; está cerrado, y una hembra de facciones duras y muy oscurecidas por el polvo, de edad difícil de adivinar —pero que, de hecho, es nada menos que la interesante Judy— da unas respuestas concisas y lacónicas. Como, sin embargo, éstas bastan para comunicar al visitante que la señorita Flite y sus pájaros están alojados con una tal señora Blinder, en Bell Yard, allá van los dos, y la señorita Flite (que se levanta temprano para llegar puntualmente al Diván de la justicia que preside su excelente amigo el Canciller) baja corriendo con lágrimas de bienvenida y los brazos abiertos.

—¡Mi querido médico! —grita la señorita Flite—. ¡Mi meritorio, distinguido y honorable oficial! —Utiliza algunas expresiones raras, pero es tan cordial y tan acogedora como pueda ser la persona más cuerda, y más de lo que suelen serlo éstas. Allan, muy paciente con ella, espera hasta que se le acaben sus expresiones de cariño, señala hacia Jo, que tiembla en un portal, y le dice por qué ha ido allí.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker