Casa desolada
Casa desolada —Mil excusas, Lady Dedlock. ¿Permiten que me retire?
Con una mirada que dice claramente: «Sabe usted de sobra que tiene poder para quedarse si quiere», le dice que no es necesario, y avanza hacia una silla. El señor Tulkinghorn, con su torpe reverencia, se la acerca un poco y se retira a una ventana frente a ella. Al interponerse entre ella y la última luz del día en la calle ya silenciosa, su sombra cae sobre Milady y todo queda a oscuras ante ella. Hasta en eso le oscurece la vida.