Casa desolada
Casa desolada —Y sostener la vela —siguió el señor Bucket sin corregirse—, o sostenerla a ella, o hacer lo que sea necesario según le pidan. Y no hay nadie que esté mejor dispuesto a hacerlo que usted, pues sé que es usted una persona educada y amable y que tiene un corazón muy sensible (Señor Woodcourt, ¿tendrÃa usted la bondad de ir a verla y si consigue sacarle la carta entregármela en cuanto pueda?).
Cuando salieron ellos, el señor Bucket me hizo sentarme en un rincón junto a la chimenea y sacarme los zapatos mojados, que él puso a secar en el guardafuegos, mientras seguÃa hablando: