Casa desolada
Casa desolada PERSPECTIVA
Paso ahora a otros episodios de mi narración. La bondad de todos los que me rodeaban me consoló tanto que nunca puedo recordarlo sin conmoverme. Ya he dicho tanto acerca de mí misma, y queda tanto por decir, que no voy a seguirme refiriendo a mi dolor. Estuve enferma, pero no durante mucho tiempo, e incluso evitaría mencionarlo, si pudiera olvidar la solidaridad que me manifestaron.
Paso ahora a otros episodios de mi narración. Durante mi enfermedad seguimos en Londres, adonde había venido la señora Woodcourt, por indicación de mi Tutor, a pasar una temporada con nosotros. Cuando mi Tutor creyó que yo estaba lo bastante bien para hablar con él como hacíamos en los viejos tiempos, aunque hubiera podido ser antes si él me hubiera creído, volví a mi trabajo y a ocupar mi silla al lado de la suya. El mismo era el que había dicho cuándo podíamos hacerlo, y nos hallábamos a solas.
—Señora Trot —dijo, recibiéndome con un beso—, bienvenida otra vez al Gruñidero, hija mía. Tengo un plan que exponerte, mujercita. Me propongo que sigamos aquí, quizá seis meses, quizá más, según vayan las cosas. En resumen, quedarnos aquí bastante tiempo.
—¿Y entre tanto no volver a Casa Desolada? —pregunté.