Casa desolada
Casa desolada George, que tiene la cabeza llena de hierro, responde, desesperado: «Steel» [Acero], y por ese nombre lo presentan. Se queda a solas con el caballero de la oficina, que está sentado a una mesa con unos libros de contabilidad ante sí y unas hojas de papel, llenas de multitudes de cifras y dibujos de formas complicadas. Es una oficina desnuda, de ventanas desnudas, que da al patio del hierro de abajo. Amontonados en la mesa hay algunos pedazos de hierro, rotos adrede para ponerlos a prueba en diversos momentos de sus diversas funciones. Hay polvo de hierro por todas partes, y por las ventanas se ve el humo que sale denso de las altas chimeneas, para mezclarse con el humo de la vaporosa Babilonia de otras chimeneas.
—A su servicio, señor Steel —dice el ocupante cuando su visitante toma una silla llena de polvo de hierro.