Casa desolada
Casa desolada —Y yo al suyo, caballero. ¿Busca usted a alguien?
—Con su permiso. ¿Es usted el hijo del señor Rouncewell?
—SÃ.
—Estaba buscando a su padre, señor mÃo. DesearÃa hablar con él.
El joven le dice que ha escogido bien la hora, pues su padre está allÃ, y le enseña el camino a la oficina donde podrá encontrarlo.
«Se parece mucho a mà antes de alistarme, muchÃsimo», piensa el soldado, mientras lo sigue. Llegan a un edificio en el patio, con una oficina en un piso alto. Al ver al caballero que hay en la oficina, George enrojece totalmente.
—¿Qué nombre le digo a mi padre? —pregunta el joven.