Casa desolada
Casa desolada EL GRAN MUNDO
Lo único que queremos en esta tarde neblinosa es echar un vistazo al gran mundo. No es tan diferente del Tribunal de Cancillería como para que no podamos pasar de una escena directamente a la otra. Tanto en el gran mundo como en el Tribunal de Cancillería imperan los precedentes y las costumbres; son Rip Van Winkles que han dormido demasiado, que se dedican a extraños juegos en medio de las mayores tormentas; bellas durmientes a las que algún día despertará el Príncipe, cuando todos los asadores inmóviles en la cocina se pongan a girar a velocidad prodigiosa.
No es un mundo muy grande. En comparación incluso con este mundo nuestro, que también tiene sus límites (como averiguará Vuestra Alteza cuando lo haya recorrido y hayamos llegado al borde del Más Allá), es como una mota de polvo. Tiene muchos aspectos buenos; mucha de la gente que pertenece a él es buena y leal; tiene un papel que desempeñar. Pero lo malo que tiene es que es un mundo envuelto en tanto algodón y lana fina de joyero, y es incapaz de escuchar el tumulto de mundos más anchurosos, y es incapaz de ver cómo giran éstos alrededor del Sol. Es un mundo amortiguado, y su vegetación se marchita a veces por falta de aire.