Casa desolada
Casa desolada —¡Ada, amor mÃo!
Trató de levantarse algo. Allan lo recostó para que ella pudiera abrazarlo contra su seno, que era lo que querÃa él.
—Te he hecho mucho daño, cariño. He caÃdo en tu camino como una pobre sombra perdida, te has casado conmigo en la pobreza y los problemas, he tirado tu herencia a los vientos. ¿Me podrás perdonar todo eso, Ada mÃa, antes de que empiece yo el mundo?
Cuando Ada se inclinó a besarlo, una sonrisa iluminó la faz de Rick. Lentamente fue apoyándose en el seno de ella, fue apretándole más los brazos al cuello y con un último gemido empezó el mundo. No este mundo, ¡Ay, no, no éste! El mundo que corrige a éste.
Cuando todo estaba en silencio, muy tarde, la pobre loca de la señorita Flite llegó llorando a verlo y me dijo que habÃa puesto en libertad a todos sus pajaritos.