Casa desolada
Casa desolada Cuando lo miro, siempre recuerdo a Richard diciéndole que era un hombre bueno. Es el mejor de los padres para Ada y el hijo de ésta; para conmigo es lo que ha sido siempre, y, ¿qué calificativos puedo utilizar para describir eso? Es el mejor y más querido amigo de mi marido, el favorito de nuestras hijas, el objeto de nuestro mayor amor y veneración. Sin embargo, aunque lo considero un ser superior, me siento tan próxima de él, y tan a gusto con él, que casi me maravillo. Nunca he perdido mis antiguos nombres, ni él el suyo, y cuando está con nosotros nunca me siento más que igual que antes, en mi vieja silla a su lado. «¡Señora Trot, señora Durden, Mujercita! Todo igual que siempre», y yo respondo: «¡Sí, querido Tutor! Igual que siempre».