Casa desolada
Casa desolada Ni siquiera el salón largo de Chesney Wold es capaz de reavivar el ánimo del señor Guppy. Se siente tan desalentado que se detiene, alicaÃdo, en el umbral, y apenas si tiene la fuerza de ánimo para entrar. Pero un retrato que hay sobre la repisa de la chimenea, pintado por el artista de moda del momento, actúa sobre él como un hechizo. Se recupera en un instante. Lo contempla con un extraño interés, parece magnetizado y fascinado por él.
—¡Dios mÃo! —dice el señor Guppy—. ¿Quién es?
—La pintura encima de la repisa —contesta Rosa— es el retrato de la actual Lady Dedlock. Se considera de un parecido perfecto y la mejor obra del maestro.
—¡Atiza! —dice el señor Guppy, contemplando con una especie de estupefacción a su amigo—. No la he visto nunca, ¡pero la conozco! ¿Se han hecho grabados de esta pintura, señorita?
—Nunca se han hecho grabados del cuadro. Sir Leicester siempre ha negado su permiso.
—¡Bueno! —exclama el señor Guppy en voz baja— ¡Que me ahorquen si no resulta curiosÃsimo lo bien que conozco este cuadro! ¡Conque es Lady Dedlock!, ¿eh?
—El retrato de la derecha es del actual Sir Leicester Dedlock. A la izquierda, el de su padre, el finado Sir Leicester.