Casa desolada
Casa desolada SIGNOS Y SÍMBOLOS
No sé cómo, pero parece que siempre estuviera escribiendo sobre mí misma. Todo el tiempo me propongo escribir acerca de otra gente, y trato de pensar en mí misma lo menos posible, y la verdad es que cuando me encuentro con que vuelvo a estar yo en la narración, me enfado mucho y me digo: «¡Vamos, vamos, no seas tan pelma, te lo digo de verdad!», pero no vale de nada. Espero que si alguien lee lo que escribo, comprenderá que si estas páginas contienen tantas cosas relativas a mí, sólo cabe suponer que debe de ser porque yo tengo algo que ver con ellas y no puedo omitirlas.
Mi niña y yo leíamos, cosíamos y hacíamos música juntas, y hallábamos tantas cosas que hacer con nuestro tiempo, que los días del invierno volaban como aves de brillantes colores. Casi todas las tardes y todas las veladas nos hacía compañía Richard. Aunque era una de las personas más inquietas del mundo, desde luego le agradaba mucho estar con nosotras.