Casa desolada
Casa desolada Es lamentable decirlo, pero no pueden ir demasiado rápido, porque incluso allí Lady Dedlock se ha muerto de aburrimiento. El concierto, la asamblea, la ópera, el teatro, el paseo, no tienen nada nuevo que ofrecer a Milady bajo estos cielos gastados. Nada más que el domingo pasado, cuando el populacho se divertía, intramuros de la ciudad, jugando con sus hijos entre los árboles recortados y las estatuas del Jardín del Palacio; mientras se paseaba de a veinte en fondo por los Campos Elíseos, más Elíseos que nunca gracias a los perros amaestrados y a los caballitos de madera, mientras (unos pocos) se filtraban por la tenebrosa catedral de Nuestra Señora para decir una o dos palabras en la base de una pilastra, adonde llegaba el aroma de una parrilla oxidada llena de velitas ardientes; o fuera de los muros de París cercaban a la ciudad con sus bailes, o hacían el amor, bebían vino, fumaban tabaco o visitaban los cementerios, jugaban al billar y al dominó, practicaban la curandería y hacían todo género de maldades, tanto inmóviles como en movimiento… nada más, decimos, que el domingo pasado Milady, sumida en la desolación del Aburrimiento y en las garras del Gigante llamado Desesperación[39] casi odió a su propia doncella por estar de buen humor.