Casa desolada

Casa desolada

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Nos resultó muy difícil marcharnos de aquella casa. No fue la señorita Flite quien nos retuvo, pues era una persona de lo más delicado que cabe en cuanto a tener en cuenta los deseos de los demás. Fue el señor Krook. Parecía que le resultara imposible separarse del señor Jarndyce. Si hubiera estado atado a él no hubiera podido seguirlo más de cerca. Propuso mostrarnos su Tribunal de Cancillería, y todo el extraño batiburrillo que contenía; a lo largo de nuestra inspección (que él prolongó) se mantuvo al lado del señor Jarndyce, y a veces lo retenía, con un pretexto u otro, hasta que seguíamos adelante, como si estuviera atormentado por una inclinación a revelar algún tema secreto, que no acababa de decidirse a abordar. No puedo imaginar unos modales ni unos gestos más singularmente expresivos de cautela e indecisión, ni un impulso constante a hacer algo a lo que no acababa de atreverse, que la actitud de Krook aquel día. Vigilaba incesantemente a mi Tutor. Raras veces le apartaba los ojos de la cara. Si estaba a su lado, lo observaba con la mirada astuta de un viejo zorro blanco. Si se adelantaba, se volvía a mirarlo. Cuando nos parábamos, se ponía frente a él y se pasaba la mano ante la boca abierta, con una curiosa expresión de tener algún género de poder, y desviaba los ojos y bajaba las cejas grises hasta que parecía tener los ojos cerrados, mientras parecía escudriñar cada rasgo de la cara de mi Tutor.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker