Casa desolada
Casa desolada Ada parecÃa estar ya tan preocupada que pregunté a la señora Badger en qué fundaba esa opinión.
—Mi querida señorita Summerson —replicó—, en el carácter y la conducta del señor Carstone. Tiene tan buen ánimo que probablemente nunca considerarÃa que merece la pena mencionar lo que opina de verdad, pero tiene una opinión lánguida de la profesión. No tiene ese interés positivo por ella que la convierte en una vocación. Si es que tiene una opinión decidida al respecto, yo dirÃa que opina que se trata de algo aburrido. Y eso no es de buen augurio. Los jóvenes como el señor Allan Woodcourt, que se interesan mucho por todos sus aspectos, encontrarán alguna compensación en ella aunque trabajen mucho por muy poco dinero, con largos años de duras pruebas y decepciones. Pero estoy convencida de que no es eso lo que pasarÃa con el señor Carstone.
—¿Opina lo mismo del señor Badger? —preguntó tÃmidamente Ada.