Casa desolada
Casa desolada Algo de lo que hablaban mucho él y mi Tutor era de las disposiciones que se habían de adoptar para que Richard viviera en Londres mientras experimentaba con el Derecho, pues hacía ya mucho tiempo que habíamos vuelto a la Casa Desolada, y ésta estaba demasiado lejos para que Richard pudiera venir más de una vez por semana. Mi Tutor me dijo que si Richard se quedaba con el señor Kenge, podía tomar una casita o un apartamento, donde también nosotros podríamos pasar unos días de vez en cuando. «Pero, mujercita», añadía, frotándose la cabeza de manera muy significativa, «¡todavía no se ha asentado allí!». Las conversaciones terminaron cuando le alquilamos por meses un pequeño y agradable alojamiento amueblado en una casa vieja y tranquila cerca de Queen Square. Inmediatamente se empezó a gastar todo el dinero que tenía en comprar los adornos y los lujos más extravagantes para ese alojamiento, y cada vez que Ada y yo lo disuadíamos de comprar algo que tenía en perspectiva y que era especialmente innecesario y caro, se anotaba a su crédito lo que le hubiera costado, y argumentaba que el gastar menos en cualquier otra cosa significaba que se había ahorrado la diferencia.