Casa desolada

Casa desolada

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Hay oficinas en torno a los Inns of Court en las que podría uno refrescarse, si mereciera la pena comprar el fresco a costa de un precio tan elevado en aburrimiento, pero las callejuelas que están inmediatamente al lado de esos retiros parecen arder. En la plazoleta del señor Krook hace tanto calor que las gentes vacían sus casas y sacan las sillas a la calle, entre ellas el señor Krook, que prosigue allí sus estudios, con su gata (que nunca tiene demasiado calor) al lado. En las Armas del Sol se han suspendido las reuniones filarmónicas por lo que resta de temporada, y Little Swills está ocupado en los Jardines Pastorales, río abajo, donde actúa con números muy inocentes y canta cuplés cómicos de talante juvenil, ideados (como dice el prospecto) para no herir ni los sentimientos más delicados. Sobre todo el barrio jurídico se ciernen, como un gran velo de herrumbre, o una tela de araña gigantesca, el ocio y la melancolía de las vacaciones de verano. El señor Snagsby, papelero de los tribunales de Cook’s Court, Cursitor Street, padece bajo esta influencia; no sólo mentalmente, como persona sensible y contemplativa, sino también en su empresa de papelería ya mencionada. Durante las vacaciones de verano tiene más tiempo para reflexionar en Staple Inn y en Rolls Yard que en ninguna otra temporada, y dice a los dos aprendices lo raro que resulta cuando hace tanto calor recordar que vive uno en una isla, con el mar ondulante y caprichoso por todas partes.


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