Casa desolada
Casa desolada —Ah, Mademoiselle, pero ¿por qué no? ¡Por qué no, cuando puede usted tener a alguien que le sea totalmente leal! ¡Alguien que estarÃa encantada de servirla, que le serÃa tan fiel, tan celosa de sus cosas, tan leal dÃa tras dÃa! Mademoiselle, deseo con todo mi corazón entrar a su servicio. No hablemos de dinero por ahora. Tómeme tal como vengo. ¡Por nada!
Hablaba con tal fervor que di un paso atrás, casi asustada de ella. Como sin darse cuenta, en su andar seguÃa avanzando hacia mÃ, y hablaba rápidamente y en voz baja, aunque siempre con cierta elegancia y corrección.
—Mademoiselle, yo soy del Midi, donde somos de temperamento vivo, y donde queremos o no queremos con todas nuestras fuerzas. Milady era demasiado altanera para mÃ, yo era demasiado altanera para ella. Eso ya pasó, se acabó, ¡se terminó! RecÃbame a su servicio, y seré una buena doncella. Haré por usted más cosas de las que se pueda usted figurar. ¡Chist!, Mademoiselle, estoy dispuesta a…, da igual. Haré todo lo que me sea posible en todo. Si me acepta usted a su servicio, no se arrepentirá. Mademoiselle, usted no se arrepentirá, y yo seré una buena doncella. ¡No lo puede usted ni imaginar!