Casa desolada
Casa desolada Sir Leicester está sentado en la sala de Milady —la sala en la que el señor Tulkinghorn leyó la declaración jurada de Jarndyce y Jarndyce— y se siente especialmente benévolo. Milady, igual que aquel dÃa, está sentada ante la chimenea, pantalla protectora en mano. Sir Leicester se siente especialmente benévolo porque ha encontrado en su periódico algunas observaciones agradables relativas a las compuertas y al tejido de la sociedad. Son tan felizmente aplicables a lo ocurrido últimamente, que Sir Leicester ha venido directamente desde la biblioteca a la sala de Milady para leérselas en voz alta.
—El hombre que ha escrito este articulo —observa como prefacio, mirando al fuego como si estuviera mirando a ese hombre desde un monte— tiene una mente equilibrada.