Casa desolada
Casa desolada —A un sitio —repitió el chico en voz más alta—. Desde que la otra me dio el soberano me han hecho circular y más circular, más que nunca. La señora Snagsby me vigila todo el tiempo y me echa de todas partes, como si yo le hubiera hecho algo, y todo el mundo me vigila y me hace circular. Todos igual, desde que no me levanto hasta que no me acuesto. Y ahora me voy a un sitio. Eso es lo que voy a hacer. Cuando me vio en Tomsolo, me dijo que venÃa de Santalbán, asà que vine por el camino de Santalbán. Da igual uno que otro.
Siempre terminaba mirando a Charley.
—¿Qué vamos a hacer con él? —pregunté a la mujer, llevándomela a un lado—. ¡No puede viajar en este estado, aunque fuese a hacer algo concreto y supiera dónde va!
—Señora, yo sé menos que los muertos —me contestó, mirándolo con compasión—. Y a lo mejor los muertos saben más, pero no lo pueden decir. Le he dejado quedarse aquà todo el dÃa por compasión, y le he dado un caldo y un remedio, y Liz ha ido a ver si hay alguien que le pueda alojar (ahà está mi niña en la cama; en realidad es de ella, pero yo la llamo mi niña), pero no se puede quedar aquà mucho tiempo, porque si vuelve mi hombre y le encuentra aquÃ, le echa a golpes, y le puede hacer daño. ¡Un momento! ¡Aquà vuelve Liz!