Cuentos de Navidad
Cuentos de Navidad Como ya supondrán, los comensales se quedaron algo sorprendidos. La señora Fielding, siendo una dama de infinito discernimiento, sugirió que la tarta estaba envenenada y relató la historia de cierta tarta que, por lo que ella sabía, había sembrado la tristeza en una escuela privada femenina. Pero la aclamación general invalidó su teoría y May cortó el pastel con gran ceremonia y júbilo.
Creo que nadie la había probado aún cuando alguien volvió a llamar a la puerta, y el mismo hombre reapareció con un paquete grande envuelto en papel de estraza bajo el brazo.
—Con los parabienes del señor Tackleton, que envía unos juguetes para el Bebé. Y no son feos.
Dicho lo cual, volvió a retirarse.
A todos los presentes les habría resultado difícil encontrar palabras para describir su asombro, aunque hubiesen dispuesto de tiempo para buscarlas. Pero no dispusieron de un solo minuto, pues el mensajero apenas había cerrado la puerta a su paso cuando alguien volvió a llamar, y Tackleton en persona entró en la estancia.