Cuentos de Navidad
Cuentos de Navidad —¡Señora Peerybingle! —dijo el Comerciante de Juguetes, sombrero en mano—, lo siento. Lo siento más incluso que esta mañana. He tenido tiempo para reflexionar. ¡John Peerybingle! Soy de natural adusto, pero no puedo evitar ablandarme, más o menos, al encontrarme cara a cara con un hombre como usted. ¡Caleb! Anoche esta niñera me proporcionó sin saberlo una hebra que me ha permitido encontrar el ovillo. Me sonrojo al pensar la facilidad con que podrÃa haberlas atado a usted y a su hija a mÃ, ¡y lo pobre idiota que he sido al tomarla a ella por tal! Amigos, todos y cada uno de ustedes, mi casa está muy solitaria esta noche. Ni siquiera tengo un Grillo en mi Hogar. Los he ahuyentado a todos. ¡Sean gentiles conmigo y permÃtanme participar de esta feliz celebración!
Cinco minutos bastaron para que se sintiese como en casa. Nunca habrán visto a un hombre como él. ¿Qué habÃa estado haciendo consigo mismo toda su vida para no haber descubierto hasta entonces su enorme capacidad para ser una persona jovial? ¿O qué habÃan hecho con él las hadas para obrar semejante cambio?
—John, no me enviarás a casa de mis padres esta noche, ¿verdad? —susurró Motita.
¡Aunque él habÃa estado muy a punto de hacerlo!