Cuentos de Navidad
Cuentos de Navidad Solo faltaba un ser vivo para que la reunión estuviera completa y, en un abrir y cerrar de ojos, allí se presentó, sediento de tanto correr y enfrascado en imposibles tentativas de estrujar la cabeza en el cuello de un estrecho cántaro. Había acompañado al carro hasta el final de su viaje, muy disgustado por la ausencia de su amo y formidablemente díscolo con su sustituto. Tras entretenerse un rato en la cuadra, tratando en vano de incitar al viejo caballo a cometer el acto de rebelión de regresar por su cuenta, había entrado en la taberna y se había tumbado ante la lumbre. Pero, cediendo súbitamente a la convicción de que el sustituto era un farsante y debía ser abandonado, volvió a ponerse en pie, irguió la cola y regresó a casa.
Hubo un baile durante la velada. Me habría contentado con mencionar de forma general este esparcimiento de no tener ciertos motivos para suponer que fue un baile de lo más original y de carácter muy poco común. Se organizó de un extraño modo, que me dispongo a relatar.