Cuentos de Navidad
Cuentos de Navidad Pero entre el maíz sembrado brotaron grandes parcelas de color verde oscuro que, al principio, la gente miró con resquemor. Reaparecieron año tras año, y sabido era que debajo de aquellos fértiles retazos yacían enterrados montones de hombres y caballos, indiscriminadamente, que fertilizaban la tierra. Los labradores que la araban se achicaban al ver los enormes gusanos que abundaban en ella, y las gavillas que allí se segaban recibían el nombre, y así fue durante muchos y largos años, de gavillas de la batalla antes de ser desechadas, y nunca nadie supo de ninguna gavilla de la batalla que se encontrase entre la última cosecha de la temporada. Durante mucho tiempo, cada surco que se araba revelaba vestigios de la contienda. Durante mucho tiempo hubo árboles heridos en el campo de batalla, y restos de cercas cortadas a machetazos, y muros derruidos allí donde se habían producido mortíferos combates, y cercos pisoteados donde ya no crecía una hoja ni una brizna de hierba. Durante mucho tiempo, ninguna muchacha del pueblo se adornó el cabello o la pechera de la ropa con la flor más dulce de aquel campo de muerte, y muchos años transcurrieron tras los cuales aún se creía que las bayas que allí crecían dejaban una honda mancha en la mano que las arrancaba.