Cuentos de Navidad
Cuentos de Navidad Sin embargo, las estaciones, en su curso, y aunque pasaban tan livianas como las propias nubes estivales, acabaron borrando con el tiempo aquellas trazas del viejo conflicto y se llevaron consigo rastros de él tan legendarios como los que la gente de la vecindad atesoraba en sus memorias, hasta que quedaron reducidos a meros cuentos de viejas, vagamente recordados alrededor de la lumbre invernal y más breves e imprecisos con cada año que pasaba. Allí donde las flores y las bayas silvestres habían pervivido tanto tiempo en sus tallos intactos aparecieron huertos, se construyeron casas y los niños jugaron a la guerra por el césped. Los árboles heridos hacía ya mucho tiempo que se habían convertido en leños navideños que habían ardido crepitantes hasta consumirse. Los retazos de color verde oscuro no eran ya más tiernos que el recuerdo de aquellos que yacían en el polvo bajo ellos. De cuando en cuando, la reja del arado seguía desenterrando pedazos de metal oxidados, pero resultaba difícil discernir qué utilidad habían tenido, y quienes los encontraban especulaban y discutían al respecto. Una coraza vieja y abollada y un casco habían colgado en la iglesia tanto tiempo que el mismo anciano débil y medio ciego que un día intentaba en vano divisarlos sobre el arco encalado se había maravillado de niño al verlos expuestos en aquel mismo lugar. De haber sido posible devolver la vida por un momento a las huestes masacradas en el campo y recrear el momento en que cayeron, cada uno en el punto que sería el lecho de su prematura muerte, soldados acuchillados y cadavéricos, en columnas de a cien, habrían mirado a través de puertas y ventanas de casas, y habrían aparecido en los hogares de tranquilas moradas, y habrían sido como la cosecha en establos y graneros, y habrían brotado entre la cuna del bebé y su niñera, y habrían flotado en el arroyo, y girado en el molino, y abarrotado el huerto, y atestado la pradera, y colmado el pajar con hombres agonizantes. Tal era el cambio que había experimentado el campo de batalla, donde miles y miles de hombres habían muerto en aquella colosal contienda.