Cuentos de Navidad
Cuentos de Navidad —El tiempo —dijo— ha volado desde entonces, querida Grace —habÃan estado hablando de aquella noche—, y pese a ello parece que hace mucho tiempo de eso. En nuestro fuero interno, medimos el tiempo por los cambios y los acontecimientos, no por los años.
—Y, sin embargo, también tenemos años que contar desde que Marion estaba con nosotros —repuso Grace—. Seis veces, querido esposo, contando esta noche como una de ellas, nos hemos sentado aquà el dÃa de su cumpleaños y hemos hablado de su feliz regreso, tan ansiosamente esperado y tan largamente aplazado. ¡Ah, cuándo acontecerá! ¡Cuándo acontecerá!
Su esposo la observaba con suma atención mientras las lágrimas se agolpaban en aquellos ojos, y, acercándose más a ella, dijo:
—Pero Marion te avisaba en aquella carta de despedida que te dejó sobre la mesa, amor mÃo, y que tantas veces has leÃdo, de que pasarÃan años antes de que eso pudiese ocurrir, ¿no es asÃ?
Grace se sacó la carta del pecho, la besó y dijo:
—SÃ.
—Que durante esos años que mediarÃan, por feliz que fuese, anhelarÃa el momento en que volverÃais a encontraros y todo se esclarecerÃa, y que rezaba por que tú, con confianza y esperanza, hicieses lo mismo. Eso dice la carta, ¿verdad, querida mÃa?