Cuentos de Navidad
Cuentos de Navidad —No, te lo ruego —dijo el médico, con arrepentimiento.
—Bien, no lo haré —contestó tÃa Martha—, pero me considero maltratada. No sé qué va a ser de mà sin mi Marion, después de haber vivido juntas media docena de años.
—Supongo que tendrás que venir a vivir aquà —repuso el doctor—. Ahora ya no discutiremos, Martha.
—O casarte, tÃa —dijo Alfred.
—De hecho —contestó la anciana dama—, creo que podrÃa plantearme conquistar a Michael Warden, quien, según he oÃdo, ha regresado mucho mejor tras su ausencia, en todos los sentidos. Pero, como lo conocà cuando era un muchacho, y yo ya no era una mujer muy joven entonces, es posible que no me correspondiera. De modo que tomaré la decisión de ir a vivir con Marion cuando se case y hasta entonces (me atrevo a decir que no será mucho tiempo) viviré sola. ¿Qué opinas, hermano?
—Tengo muchas ganas de decir que este mundo es una completa ridiculez y que no hay nada serio en él —observó el pobre y viejo doctor.
—PodrÃas hacer veinte declaraciones juradas, si asà lo quisieras, Anthony —dijo su hermana—, pero nadie te creerÃa con esos ojos.