David Copperfield
David Copperfield Y pronunció estas palabras en tono melancólico, que era lo mejor que podía ofrecernos, ante la imposibilidad de un servicio gratuito; le di las gracias en nombre de Peggotty y pagué a Tiffey en billetes. Peggotty se retiró entonces a su alojamiento, y el señor Spenlow y yo nos dirigimos al Tribunal, donde teníamos que juzgar un caso de divorcio, basado en una pequeña ley muy ingeniosa (abolida en la actualidad, según creo, y en virtud de la cual he visto anular varios matrimonios) y cuyos méritos veremos a continuación. El marido, que se llamaba Thomas Benjamin, había sacado la licencia de matrimonio con el nombre de Thomas, suprimiendo el de Benjamin por si no era tan feliz como esperaba. Al no ser tan feliz como esperaba, o haberse cansado un poco de su mujer, el pobre muchacho, se presentaba acompañado de un amigo, después de dos años de matrimonio, para declarar que su nombre era Thomas Benjamin y, por consiguiente, no estaba casado. Lo que el Tribunal confirmó, para su gran satisfacción.
Debo añadir que yo tuve mis dudas acerca de la estricta justicia de esa sentencia y ni siquiera el famoso precio del trigo, que suele explicar cualquier anomalía, logró disiparlas. Pero el señor Spenlow discutió el asunto conmigo.